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Zona de Jazz

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julio 10th, 2014 Especiales ZDJ none Comments

Carlos Pérez Cruz



Hay lugares, situaciones y personas que son potentes focos generadores de felicidad.  El trabajo de Carlos Pérez Cruz – al que cariñosamente llamamos Sr. Pérez – es para nosotros uno de ellos. Cuando escuchamos su programa presentimos  que algo bonito está por llegar, que algo bello seguro nos sorprenderá. Sabemos que el título de la entrevista es poco o nada periodístico.  No obstante en ella queremos hacerle llegar siquiera una ínfima porción de todo lo que nos hace sentir cuando le escuchamos.  No hay que peinar canas para llevar a cabo sano y enriquecedor magisterio. Agradecemos infinitamente a Carlos el haber hecho posible una ilusión.




¿Cómo se levanta y qué sensaciones tiene el periodista Carlos Pérez Cruz un lunes cualquiera?.

“¡Dios mío, ¿ya es lunes?! ¡Hay que sacar otro programa!”. La verdad, no distingo entre lunes, martes, jueves o domingos. Este es uno de los peligros de cómo estamos trabajando ahora. No tenemos un trabajo reglado ni horario de oficina. Mi sueldo vital me lo proporciona mi faceta de trompetista en la banda de música de Pamplona, es lo que me permite acometer el programa de radio y las colaboraciones con diferentes medios. Lo malo de esta forma de trabajar es que, como no tenemos horarios, no tenemos jefe. Y lo peor, nadie nos paga y, aún así, no sabemos ponernos un límite. Procuro mantener con disciplina la cita semanal con el programa, así que cuando llega el lunes éste empieza a llamar ferozmente a la puerta.

 

Estos días pasados has estado programando el último trabajo de la baterista gallega Lucía Martínez. Háblanos de él.

 Cuando graba sus propios proyectos, Lucía tiene un sonido muy melódico, muy melancólico. Tiene una sensibilidad extraordinaria, preciosista, sin caer para nada en lo meloso. Sin embargo, musicalmente tiene muchas vertientes. Por ejemplo, ha grabando un dúo junto a Agustí Fernández que está todavía por ver la luz en algún sello discográfico. Tiene una amplitud de miras muy grande.

 

Además del podcast semanal del Club de Jazz, su página web y las colaboraciones antes mencionadas en medios escritos y digitales, Carlos mantiene una bitácora personal llamada ‘Carlos Crece’. Háblanos sobre ella.

‘Carlos Crece’ es un cajón de sastre. El tiempo de los blogs se ha visto afectado por el auge de las redes sociales (sobre todo Facebook y Twitter) y quizá han perdido algo del atractivo que tenían. Nació hace ochos años y el título es un guiño a una serie que veía de adolescente, “Dawnson crece”. Es una forma de decir que mi crecimiento personal lo comparto con quienes quieran leerme. Hasta hace un par de años quizás tenía contenidos más ex profeso con el blog. En este momento recoge sobre todo temas que voy publicando en diferentes medios. Con el paso del tiempo he tenido la suerte de poder expresarme en varios. Desde hace año y medio estoy colaborando con “El Asombrario & Co.”, que es una revista creada por Manuel Cuellar asociada a eldiario.es. Ahí tengo la posibilidad de explayarme en temáticas que antes reflejaba en el blog, aunque no quiero abandonarlo. Quiero que siga activo. Hace unos días publiqué una entrada muy breve sobre la película de Jaime Rosales, “Hermosa Juventud”. El cine, el hecho de ir al cine, estar en la sala, es una de mis mayores pasiones, aunque no me gustaría convertir el cine en un trabajo, tal y como sucede ahora con la música.

 

baloncesto

 
Compartimos pasiones, recuerdos y aficiones. Una de ellas es el deporte del baloncesto.  Charlemos distendidamente unos minutos sobre John Pinone, el Estudiantes, la demencia y su Barça.

Tuve un trío llamado John Pinone junto a Javier Gallego y Javier Adán. Conocí a ambos un verano en Ibiza en un festival de música organizado por el INJUVE que combinaba actuaciones de músicos profesionales con otras de jóvenes que previamente habían pasado una selección. Conocí a los ‘Javieres’ como músicos de Dead Capo y de ahí salió la idea del trío. Tuvimos la suerte de que al año siguiente fuimos seleccionados para tocar en ese festival. Javier Gallego tuvo que dejarlo al tiempo por razones profesionales y lo sustituyó Santiago Rapallo. Dio de sí lo que pudo dar, dadas las circunstancias. Me lo pasé como un niño, fui realmente feliz. Es una de las facetas musicales que más he han satisfecho y recuerdo esos tiempos con muchísimo cariño.

Está claro que el Estudiantes ya no es el que era entonces (década de los noventa), porque el deporte profesional ya no es igual que el de antaño. Incluso un equipo que mantiene algunas constantes vitales históricas como el ‘Estu’, con la Demencia, y que tuvo jugadores como Pinone, ha perdido gran parte su esencia con las espantosas reglas que actualmente rigen el mercado. El nombre de Pinone para el grupo lo tomamos en plena M-30 madrileña, con los coches en paralelo y de ventanilla a ventanilla.

Como culé, me acuerdo mucho de la técnica de tiro de Xavi Fernández, tenía un tiro de tres absolutamente fascinante, y no sé por qué de un lituano que pasó por el Barça, Arturas Karnisovas. Pero lo que más recuerdo fue la noche de la final de la Copa de Europa en París entre el Barça y el Panathinaikos, con aquella famosa última jugada. Mi inocencia entonces llegaba a tal extremo que me quedé esperando hasta la una o las dos de la madrugada, ya que el Barça había presentado una apelación, a ver si la justicia corregía el pufo arbitral.

 

Carlos ha viajado dos veces a Palestina. ¿Cómo se sentía anímicamente después de regresar de los Territorios Ocupados?

La primera vez volví muy impactado. Me costó adaptarme a la cotidianeidad. En mi vida, día a día y sin excepción, es un tema que está siempre presente. Es jodido para el bienestar personal porque afecta con mucha intensidad. No encuentro adjetivos para lo que he visto allí. Trato de explicarlo en programas, con artículos… En una pintada sobre el muro de apartheid, durante la reciente visita del Papa Francisco, se citaba la relación entre el gueto de Varsovia y el de los Territorios Ocupados. Tremendo paralelismo. Y eso que no he tenido ocasión todavía de visitar Gaza, la mayor cárcel a cielo abierto del mundo.

Es curioso porque en lo personal allí me he sentido muy feliz, a pesar de la crudeza de su situación, y he sido muy bien recibido por la población palestina. Entre ellos nunca he tenido sensación de peligro y, sin embargo, sí la he sentido en los famosos checkpoints israelíes, en los que es ciertamente desagradable la ostentación armada de la que hacen gala y la prepotencia y displicencia en el trato. He sentido la violencia ambiental al pasar desde los Territorios Ocupados al Estado israelí. Es un contraste muy fuerte. No se trata tanto de defender una causa, la causa palestina, sino de denunciar una flagrante injusticia y el incumplimiento tenaz de la legalidad internacional por parte de Israel, la creciente ocupación, la represión, el apartheid al que someten a la población palestina, también a los ciudadanos palestinos israelíes. Estados Unidos y Europa son grandes aliados de Israel, aunque limpien conciencias con programas de ayuda a la Autoridad Nacional Palestina que tan sólo sirven para mantener un statu quo que favorece claramente al ocupante.

Y en ese sentido quería agradecerte, Gustavo, tu implicación en nuestra denuncia del asesinato a sangre fría de Nadeem por parte de Israel, un joven jugador de baloncesto de 17 años, y de Mohammad, de 16, el pasado día 15 de mayo. Cuando sientes de cerca el dolor, cuando le pones nombres y apellidos, familia y amigos, afecta todavía mucho más. El pasado verano estuve junto a mis amigos Jacobo Rivero (periodista y escritor) y Juan Pelegrín (fotógrafo) durmiendo en Ramallah en casa de unas amigas, jugadoras de baloncesto, que conocían a Nadeem. El asesinato de los dos chavales está más que documentado: están las cámaras de seguridad de una tienda que recogen el momento en que fueron abatidos, una grabación de la CNN que captó al tirador en el momento del disparo… Sin embargo, la prepotencia, la arrogancia y la absoluta impunidad con la que actúa el Estado de Israel hace que el muerto incluso tenga que demostrar que lo está. ¿Habrá al final algún responsable que pague la culpa de estos dos asesinatos? Lo dudo. A los antecedentes me remito.

Todos los días pasan muchas cosas en los Territorios Ocupados y en Gaza y es un drama que parece no tener fin, aunque el pueblo palestino ha demostrado una gran capacidad de resistencia y sufrimiento. Cuando estás allí te entristece el hecho de ver que estás en lo más parecido a un campo de concentración, rodeado por un muro infame e ilegal que sigue creciendo y con el que Israel, además, se anexiona más terreno. En la medida de lo posible uno intenta explicar lo que es aquello, intenta hacer entender lo que pasa para que nadie pueda decir, pasado el tiempo, que no lo sabía. Yo soy sólo un individuo, una persona, una gotita en ese océano.

 

entrevista

 

Permíteme husmear, aunque sea discretamente, en los fogones del Club de Jazz. Háblanos de tus actuales colaboradores.

Ferrán Esteve es el colaborador ‘guadiana’ del programa, aparece y desaparece en función de su muy apretada agenda en Ginebra, donde trabaja y vive. Tiene un punto de ironía muy saludable y un criterio musical muy en la órbita de sellos como ECM. Nos ha acercado a algunos nombres de la escena barcelonesa y también se ha permitido ciertas frivolités a tono con su sentido del humor. Es al único de mis colaboradores al que todavía no conozco en persona. Cosas del mundo en red.

Jesús Moreno es un tipo estupendo. Es posiblemente quien más puertas musicales me ha abierto a lo largo de los años. Lleva mucho en esto y conoce bien las escenas más minúsculas y, por supuesto, ignoradas en España. Es una persona con una mente abierta a más no poder, con un sentido del humor muy particular con el que conecto muy fácil. Además vive en una de las ciudades más extrañas de nuestro país, Huesca, a la que yo llamo cariñosamente la “Twin Peaks” ibérica. Y lo digo con todo el cariño, porque es ya casi como mi segunda casa. Gracias a gente como Jesús o Luis Llés, técnico de cultura de la ciudad, acudo allí a muchos más conciertos que los que escucho en mi ciudad.

Alberto Varela es un ser maravilloso. Fue mi guía porteño cuando tuve la oportunidad de viajar a Buenos Aires hace dos años. Es una persona muy cariñosa y atenta. Sus gustos estéticos son más moderados que los míos, está más próximo a un jazz más clásico. Es un apasionado de la cultura porteña y argentina, como pueda ser el tango y sus diversas expresiones, además de fan de la cultura brasileña. Contrapesa con elegancia mis propuestas o las de Jesús Moreno.

Anxo comenzó haciendo una sección de jazz latino y se fue abriendo a otras formas. En estos años ha programado incluso temas de pop y de otros estilos musicales que, en teoría, tienen poco o nada que ver con el jazz. Me ha descubierto algunas joyas. Al programa también le aporta una perspectiva social muy interesante, siempre atento como está a músicas que dan voz a los más castigados.

A Luis Díaz García lo conocí a través de Alberto Varela. Lo que tiene su gracia, porque Alberto vive en Buenos Aires y Luis en Asturias. El programa suele empezar por el tejado y con Luis acabamos en los pilares. Nos dejamos llevar por ese Tren Azul de Luis que nos recuerda que existían voces como las de Billie Holiday o pioneros como Jelly Roll Morton. ¡Es un relax para cerrar programa!

 

entrevista_wadada

 
Hace pocas semanas se produjo un enriquecedor cambio de pareceres a raíz de un texto del periodista y músico Manuel Recio. Desde el punto de vista de Carlos Pérez Cruz, ¿hay una crisis identitaria en el mundo del jazz?

Somos una especie de tribu mal avenida. La historia del jazz y de las músicas improvisadas tiene un siglo de existencia. Seguramente es la música que más ha mutado en menos tiempo y, sin embargo, se han creado unos departamentos estancos que parecen sagrados. Es una contradicción porque, como música, el jazz permite muchas variantes, muchas posibilidades, todas las que el músico se quiera permitir. A mí todas me parecen legítimas, siempre y cuando las sepamos contextualizar. Thelonious Monk ya existió, no me interesa escuchar a un músico que trate de tocar como Monk. ¿Qué sentido tiene ser el pálido eco de un genio? Por supuesto que cada cual escuche lo que le llegue y le llene.

Nadie que empiece a escuchar rock tiene por qué comenzar por el “Round Around The Clock”. No tiene que seguir necesariamente un recorrido cronológico, en este caso el de la Historia del rock. No sé porqué existe esa especificidad dentro del jazz por la cual todo el mundo parece que tenga que hacer un recorrido cronológico y novelado por su Historia para poder disfrutar de él. ¡No! ¿Por qué? Ha transcurrido un siglo y la evolución del jazz es de tal calibre que la conexión que uno puede tener con las nuevas expresiones no le obliga necesariamente ni a conocer las antiguas ni tan siquiera a sentirlas afines. Son expresiones humanas, individuales y colectivas, afectadas por su tiempo, por el entorno, por el bagaje personal …  No es una teleserie que haya que seguir del primer al último capítulo para poder entenderla.

Las crisis de identidad las podemos tener las personas en nuestras vidas y en nuestros momentos particulares. No entiendo esa sacralización del jazz como forma, con unas reglas invariables o con unos condimentos irrenunciables. Creo en un espíritu que lo unifica, en el contraste de estéticas, de propuestas y de ideas. Quien diga que el arte hoy está vacío o está en crisis es que simplemente no tiene interés en lo que se está haciendo. Que te interese una cosa más que otra o que te lleguen más unos músicos u otros, esa es otra cuestión. Ni yo ni quienes escuchamos a determinados músicos, que tanto miedo parecen dar, somos unos masocas sometidos por voluntad a tormentos para tener pesadillas, porque seríamos gilipollas. Estoy intentando disfrutar de la maravillosa diversidad de la música que, en ocasiones, la puedes sentir más próxima y en otras, más lejana. Si hoy alguien quiere escuchar un concierto de be bop o de hard bop me parece fenomenal, pero como profesional que se dedica al periodismo musical, yo estoy obligado a analizar qué sentido tiene tocar hoy be bop o hard bop desde una perspectiva crítica, valorar qué relevancia y qué sentido artístico tiene hoy eso, en el año 2014, más de medio siglo después de que se “inventara” y teniendo en cuenta las particularidades de una música que siempre ha tenido que ver con los tiempos que le han tocado vivir. Analizar qué aporta a la cultura actual y a nuestra sociedad. Pero nada más, que yo lo analice y lo exponga públicamente no impide que nadie escuche o toque lo que quiera o que considere mi opinión profundamente equivocada. En el momento en que empieza la música, silencio.


Enlaces de Interés :

Página Web de El Club de Jazz

Blog ‘Carlos Crece’

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